Carrera de resistencia
Este tipo de carrera forma el fundamento del entrenamiento de maratón. Con un pulso entre el 70 y 80% de la frecuencia máxima del ritmo cardíaco, las grasas se convierten en la fuente principal de energía.
El corredor de maratón se limita, por lo tanto, a las reservas de hidratos de carbono disponibles. A través de una carrera tranquila se consolidan los tendones y huesos pudiéndose así soportar duros esfuerzos posteriores. La duración de la carrera de fondo puede ir desde los 30 minutos a más horas.
El cuerpo siempre se dedicará a quemar grasas e hidratos de carbono por igual, aunque de todas maneras pueden establecerse mediante diferentes velocidades distintas relaciones porcentuales. Con un sprint de unos 1000 m los músculos aprovechan prácticamente sólo las reservas de energía más rápida, es decir, el glucógeno, ubicado principalmente en los músculos y el hígado.
La quema de grasas juega en este caso un papel subordinado, ya que las reservas de glucógeno no serán agotadas hasta aproximadamente una hora de carrera rápida, por lo que a partir de ese momento se cambiará por completo al aprovechamiento de las reservas de grasas. Para quemar grasas el cuerpo necesita de mayor aporte de oxígeno que para metabolizar hidratos de carbono. Para ello debe ser reducido drásticamente el ritmo.
Este fenómeno es el llamado por los corredores “el hombre del martillo” o “correr contra el viento”, produciéndose por lo general entre los km 32 y 37. Con grandes distancias, carreras de fondo lentas, el cuerpo aprende a aumentar la quema de grasas también a grandes velocidades; así resulta posible correr largos campeonatos a alto nivel. Además, el cuerpo se acostumbra, por ello, a correr largas distancias y a soportar mejor grandes esfuerzos. El aporte de glóbulos rojos y mitocondrias a la musculatura se ve aumentado y el oxígeno puede ser utilizado gracias a ello más eficientemente.


